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Values & Value Magazine

Invitado colaborador

Mohnish Moksha

Mohnish B.  Moksha

Mohnish es coach internacional de bienestar con base en la medicina ayurvédica, el hatha yoga, las terapias de respiración y las técnicas de meditación. Nació a los pies del Himalaya, donde su camino hacia el autoconocimiento comenzó a una edad temprana. Combinando una formación científica en biología y genética con experiencia en entornos corporativos exigentes, tiende un puente entre la sabiduría ancestral y las realidades del liderazgo moderno. A lo largo de su trayectoria, ha desarrollado una conciencia 360º que integra el rigor intelectual con una profunda conexión sensorial y la expresión artística (como autor de poesía y fotógrafo). Su trabajo combina la respiración, conciencia corporal y alineación interior para fomentar la claridad y la toma de decisiones consciente. Al mismo tiempo, su comprensión de la cultura corporativa le permite cuestionar sus límites y expandir el liderazgo hacia una práctica más humana guiada desde el interior.

Cuando el cuerpo dice NO.

Es una tarde de domingo y la primavera está llamando a la puerta. La calidez de la estación llega y todos los árboles van despertando de su letargo. Las flores se están abriendo y el aroma del jazmín se mezcla con el del café que sostienes en la mano.

 

El mundo exterior está relajado y en calma, y sin embargo, en tu mundo interior comienza a generarse una sensación de tensión. Sientes opresión en el pecho y -de pronto- la tensión en la mandíbula se manifiesta en tu espacio mental: la sensación de no poder disfrutar del resto de la tarde del domingo, la inquietud silenciosa ante la llegada del lunes.

 

Aunque todavía quedan muchas horas antes de ir a trabajar, el cuerpo ya ha comenzado a prepararse para “luchar” contra la nueva semana y la carga de trabajo que te espera.

 

Y este ciclo continúa de estación en estación, hasta que un día el cuerpo dice NO.

 

El agotamiento profesional o "burnout" es un escenario común en el mundo corporativo. Según Gallup (2024), el 48% de los empleados a nivel mundial afirma sentirse extenuado por causa del trabajo: casi la mitad de la fuerza laboral global experimenta un nivel de agotamiento lo suficientemente severo como para afectar su compromiso, motivación y rendimiento.

 

Tendemos a pensar en el "burnout" como una cuestión de carga de trabajo: demasiadas tareas, muy pocas horas, muy poca ayuda. Y la carga de trabajo es real. Pero ese enfoque pasa por alto algo más fundamental: el "burnout" no es principalmente un problema de cantidad.

 

Hay otros factores que contribuyen al problema. El perfeccionismo, la responsabilidad excesiva y la adicción al trabajo —rasgos celebrados en el liderazgo— suelen ser grandes impulsores del agotamiento profesional. Pero la causa no es simplemente externa. También tiene que ver con la desconexión.

 

Desconexión de tu experiencia emocional y de su manifestación en tu cuerpo. Mucho antes del colapso, el cuerpo ya ha estado enviando señales —silenciosas, insistentes, a menudo elocuentes— de que algo no va bien. Y en algún punto del camino, aprendimos a no escuchar.

 

El cuerpo no presenta una queja formal. Primero susurra: en un cansancio que el sueño ya no repara, en una irritabilidad sin un objeto claro, en los cambios de humor y en el creciente desapego hacia el trabajo que antes amabas.

 

La cultura corporativa mantiene una relación sofisticada con el cuerpo: le exige todo y -sin embargo- casi no reconoce nada de él. Hablamos de capital humano, ancho de banda, capacidad, como si la persona fuera una máquina cuyo rendimiento puede medirse y optimizarse sin consecuencias para la propia máquina. El cuerpo, en este marco, es infraestructura. Útil. En gran medida invisible. Se espera simplemente que funcione.

 

La tragedia de la vida profesional moderna no es que las personas trabajen duro. El trabajo, cuando se realiza con un compromiso genuino, puede ser profundamente nutritivo. La tragedia es que hemos convertido la autoexigencia crónica en una virtud: rebautizando el agotamiento como dedicación, el entumecimiento como profesionalidad, y la incapacidad de detenerse como ambición. Recompensamos a quien responde correos a medianoche y patologizamos a quien reconoce que no puede continuar.

 

Aquí es donde la meditación y la conexión-relación con nuestro cuerpo ofrecen algo que la cultura de la productividad no puede: no una técnica para ser más productivo y eficiente, sino una práctica para simplemente ser. Una práctica para escuchar mejor. Sentarse en silencio con el propio cuerpo es entrar en una conversación que la mayoría de nosotros ha estado posponiendo durante años. Y lo que habla, cuando por fin nos detenemos, suele resultar incómodo en su claridad.

 

Pero en esa claridad, comenzamos a ver y escuchar todas las señales que nuestro cuerpo ha estado enviando, tanto a través de sensaciones físicas agradables como desagradables.

 

Y una vez que estas sensaciones y señales entran en nuestra conciencia, podemos finalmente reconocerlas en lugar de apartarlas, y comenzar el proceso de sanación. Un proceso que empieza por priorizar nuestras necesidades reales, establecer límites y desarrollar la conciencia emocional como una forma de fortaleza.

 

Hasta que finalmente aprendemos a escuchar cuando el cuerpo empieza a decir NO.

 

Por Mohnish B. Moksha
Colaborador invitado _ Values & Value Magazine, mayo de 2026

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"The art of breath and balance"

​"From vastness to stillness, from seeking to being"

​"Mind seeks its own creations from one extreme to another"

​From Sky and I

by Mohnish B. Moksha​​

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