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Donde termina la inclusión.

Values & Value Magazine _ Miriam Ponce Gutierrez. Articulo: Donde termina la inclusión.

La resistencia suele interpretarse como un fallo de gestión.

Algo no se alineó.

No se comunicó bien.

No se abordó suficientemente.


Y, sin embargo, la resistencia rara vez desaparece solo mediante gestión.

Se desplaza.

Se reconfigura.

Reaparece en otra parte del sistema.


Quizá la resistencia no sea únicamente oposición. Quizá marca el punto en el que termina la inclusión.


La diferencia existe en toda organización.

Prioridades en conflicto.

Interpretaciones divergentes.

Lecturas incompatibles de la realidad.


La cuestión no es si la diferencia está presente. La cuestión es si el sistema puede sostenerla sin reducirla.


La diferencia solo se vuelve informativa cuando un sistema puede sostenerla. Cuando no puede, algo empieza a estrecharse.

Las conversaciones pierden precisión.

La complejidad se simplifica demasiado rápido.

Las posiciones se endurecen, o se diluyen en una alineación artificial.


Lo que no puede incluirse internamente tiende a reaparecer externamente como resistencia.


La inclusión, entonces, no es principalmente una cuestión de composición. No queda definida por la presencia de perfiles, perspectivas o experiencias diversas. Queda definida por la capacidad de un sistema para permanecer en contacto con la diferencia sin neutralizarla.


Esto se vuelve visible de maneras sutiles.

Qué puede decirse sin consecuencias.

Qué tensiones pueden permanecer sin resolverse el tiempo suficiente como para resultar útiles.

Qué realidades necesitan ser reinterpretadas antes de poder ser aceptadas.


Cuando la inclusión alcanza su límite, los sistemas suelen compensarlo con estructura.

Los procesos se multiplican.

La alineación se intensifica.

Aparecen marcos destinados a estabilizar aquello que ya no puede sostenerse de forma significativa.


Estos mecanismos pueden generar coherencia. Pero coherencia e inclusión no son lo mismo. Un sistema puede parecer altamente alineado mientras pierde progresivamente contacto con la realidad.


Esto tiene implicaciones directas para la gobernanza de las organizaciones.


Las decisiones están limitadas menos por la información disponible que por la capacidad de permanecer en contacto con la complejidad.


Cuando esa capacidad se estrecha, la toma de decisiones se vuelve frágil. No porque falte inteligencia, sino porque demasiada realidad se ha vuelto difícil de incluir.


La resistencia, en este contexto, no es el problema central. Es una señal. No solo de desacuerdo, sino de la capacidad actual de inclusión del sistema.


Y esos límites rara vez aparecen allí donde la resistencia se hace visible. Aparecen antes. De forma más silenciosa.


El límite aparece cuando la diferencia ya no puede permanecer presente sin ser neutralizada.


Por Miriam Ponce

Director Corporate Culture & Governance

 
 

 

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