La ambigüedad también es una decisión.
- miriamponce.com

- 5 ene
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En contextos organizativos complejos, la ambigüedad suele presentarse como una virtud. Se asocia a flexibilidad, a dejar espacio, a no sobrerregular. Y, en determinados momentos, es cierto: no todo debe cerrarse de inmediato.
El problema aparece cuando la ambigüedad deja de ser una herramienta consciente y se convierte en un estado permanente.
En esos casos, la falta de claridad no responde a una estrategia deliberada, sino a una evitación: de la tensión, del conflicto o de la responsabilidad que implica decidir y posicionarse. Se mantiene abierto lo que incomoda cerrar, confiando en que el tiempo, el contexto o las personas “ya se ajustarán”.
Pero el vacío no permanece vacío. Se llena.
Se llena de interpretaciones, de micro-decisiones no alineadas, de agendas implícitas y de fricciones silenciosas. Lo que se pretendía flexible se vuelve difuso; lo que debía habilitar, acaba desgastando.
Desde una mentalidad de crecimiento, la claridad no es un límite.Es una condición habilitadora.
Claridad no significa rigidez ni control excesivo. Significa dirección compartida: qué se espera, quién es responsable, dónde están los márgenes de autonomía y dónde no. Permite que las personas tomen mejores decisiones sin tener que adivinar constantemente el marco en el que operan.
En términos de liderazgo y gobierno, la ambigüedad sostenida no es neutral. Redistribuye la responsabilidad sin explicitarla y debilita la capacidad de las organizaciones para sostener decisiones coherentes en el tiempo. Cuando nadie acaba de ser responsable, el sistema se vuelve reactivo.
El impacto es acumulativo. La confianza se erosiona, la coherencia cultural se fragmenta y los líderes pasan de ejercer dirección a gestionar consecuencias. La energía se desplaza del propósito a la gestión del desgaste.
No decidir también decide. Decide por omisión, por cansancio y por delegación involuntaria en el entorno. Y ese tipo de decisiones rara vez construyen valor sostenible.
La claridad no elimina la complejidad.Elimina la confusión sobre quién es responsable de gestionarla.
Miriam Ponce
Directora Cultura Corporativa y Gobernanza


